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SUGERENCIAS HIGIÉNICAS Y NUTRICIONALES PARA PACIENTES QUE TIENEN ESCLEROSIS MÚLTIPLE.

Los afectados de esclerosis múltiple deben seguir una alimentación variada y equilibrada, como el resto de personas. No se ha demostrado que exista una dieta concreta que ayude o sea beneficiosa para ralentizar el desarrollo de la enfermedad.

1. Evitar el sobrepeso y el estreñimiento, que pueden ser perjudiciales para la enfermedad.

2. Dieta rica en frutas y verduras crudas. La mayoría de vitaminas se destruyen en el momento de cocción, por esta razón, se absorben mejor cuando los alimentos no se cocinan. Además, para preservar las vitaminas de las verduras es aconsejable que se guarden en la nevera el menor tiempo posible antes de ser consumidas, y que se ingieran justo después de ser preparadas, ya que pierden vitaminas a medida que pasa el tiempo. Esto ocurre, por ejemplo, con el zumo de naranja, ya que la vitamina C se destruye por el contacto con el aire. Asimismo, muchas vitaminas se encuentran justo debajo de la piel de las frutas y las verduras, y por lo tanto, no se deben pelar en profundidad.

Muchas veces es necesario un aporte vitamínico sintético.

Evitar el consumo de tabaco y alcohol, ya que provoca que el organismo necesite más vitaminas, agravan la fatiga, la debilidad o los trastornos del equilibrio.

En cuanto a las proteínas, a pesar de que las de origen animal son beneficiosas, muchas veces van acompañadas de grasas. Por lo tanto, es muy importante controlar el consumo de carnes y derivados y obtener un equilibro entre proteínas vegetales y animales, de las que se suele abusar.

Para evitar el sobrepeso, que puede ser perjudicial para los afectados de esclerosis múltiple, es esencial moderar el consumo de grasas, sobre todo, las de origen animal. En lo que se refiere al estreñimiento, otro factor que puede incidir negativamente en el desarrollo de la esclerosis múltiple, se puede prevenir con el consumo de fibra, presente en alimentos como las legumbres secas, el pan, las frutas y las verduras.

El hierro es uno de los minerales más necesarios sobre todo para ciertos sectores de la población, como las mujeres, los adolescentes y en casos de pérdida de sangre. El hierro se asimila mejor si es de origen animal y se combina con vitamina C. Por lo tanto, consumir algún alimento que contenga hierro y, a la vez, beber zumo de naranja, hará que el organismo absorba el hierro más fácilmente.

Comer entre 3 y 4 veces al día de manera moderada, disminuir el consumo de grasas, azúcares y sal, y aumentar el de pan, féculas, verdura y fruta.

Ingerir, como mínimo, un litro al día.

Realizar ejercicio físico asiduamente

La esclerosis múltiple es una enfermedad crónica y que puede llegar a ser invalidante y originar dificultades en la alimentación. El tratamiento nutricional, en estos casos, y ya desde los primeros momentos tras el diagnóstico, es muy importante. Las recomendaciones nutricionales son las siguientes:
Reducir la cantidad de grasas de origen animal (carnes rojas, salchichas y embutidos) así como los productos lácteos enteros. Son aconsejables la leche desnatada y los quesos blancos.
Eliminar toda la grasa aparente (el sebo de las carnes) y la piel antes de cocinar las carnes y las aves.
Utilizar técnicas como la cocción al vapor o en microondas, que reducen el contenido graso de los alimentos.
Las grasas animales se sustituirán por aceites vegetales (aceites de oliva, girasol, etc.) y pescado (dos o tres raciones de pescado a la semana como mínimo).
Consumir diariamente al menos dos piezas de fruta y dos raciones de verdura (una cruda y otra cocida).
Aumentar la ingesta de legumbres, cereales, pan, pasta y arroz integral.
Se pueden consumir hasta dos huevos por semana.


En fases evolucionadas de la enfermedad, con dificultades físicas para utilizar los cubiertos o con problemas para tragar alimentos sólidos o líquidos, las ayudas desde el punto de vista nutricional pasan por las siguientes recomendaciones:
Cortar en pequeños trozos o triturar los alimentos.
Utilizar espesantes con los líquidos. Se pueden emplear espesantes de venta en farmacias, gelatinas o harina de maíz.
Administrar los alimentos en textura puré o papilla.
Ablandar los alimentos sólidos añadiendo líquidos (leche, caldo, salsas) para conseguir texturas suaves.
Modificar la forma de comer: ingerir cantidades pequeñas de alimento de una sola vez, masticar bien y lentamente, y dar tiempo suficiente para su deglución; no añadir alimento en la boca, sin haber tragado lo anterior.
Evitar los alimentos pegajosos y los que se dispersan por la boca, como las galletas.
No hablar al mismo tiempo que se está comiendo o bebiendo.
Adecuar la casa eliminando los obstáculos y adaptándola conforme evoluciona la incapacidad del paciente.
Pueden utilizarse los cubiertos adaptados, vasos y platos de plástico, baberos o servilletas grandes.
Elaborar dietas para comer con las manos, como croquetas, albóndigas o calamares a la romana.
Seguir un horario de comidas regular, mantener las actividades sociales y tener un descanso nocturno regular.

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